El conocimiento del dolor humano

El conocimiento del dolor humano

Introducción al trabajo: El  conocimiento del dolor humano

15/04/2009

 

El Lecho de Procusto

 

La mitología griega cuenta que Procusto tenía una siniestra costumbre, invitaba a sus huéspedes a dormir en una cama, especialmente diseñada para cortar partes del cuerpo que excedían las dimensiones de la misma. Cuando se trataba de personas de baja estatura, un sistema de poleas permitía estirar al huésped hasta que alcanzaba el tamaño del lecho. Algo semejante ocurre cuando un material de observación o huésped, es ceñido o deformado de acuerdo a los esquemas o categorías de un determinado modelo conceptual. En el caso de la medicina esta comparación puede resultar especialmente útil, porque la palabra “clínica” proviene justamente de la palabra griega “Kliné”, que significa lecho, cama. De allí que la vocación hospitalaria nos propone que la dimensión de cada lecho se adapte a los requerimientos personales que expresa cada huésped.

 

Ahora bien, la realidad desnuda es revestida por cada disciplina con su modelo de pensamiento. Como todo vestido, cada modelo de pensamiento podrá cubrir algunas partes de la realidad y exaltar a otras, pero debiendo dejar siempre algunas partes al descubierto. De lo contrario, de llegar a cubrir a la realidad totalmente, el vestido se convierte en mortaja.

 

En esta página nos ocupamos de resaltar el carácter mecánico y la dimensión amortajante del modelo de pensamiento médico, aspirando a contribuir al reconocimiento de las limitaciones clínicas que dependen de su propio marco de respaldo conceptual. Reiteremos una vez más, que para afrontar estas limitaciones se propone el método de abordaje transdisciplinario. Este último cabalga montado sobre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del hombre, al tiempo que a su paso va reconociendo la realidad social que atraviesa. La mirada del jinete, se pone en el espacio abierto al que su mismo cabalgar lo dirige.

 

Espacio irrepresentable, donde reside el misterio del dolor y de la vida humana; allí donde los modelos de pensamiento no tienen nada que decir o reflejar, y donde sólo cabe el testimonio de una presencia que acompaña.

 

“Felipe Rilova Salazar”

Medico Especialista en Psiquiatria

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