EL PETISO Y MARCOLA – Sobre la remuneración salarial carcelaria

EL PETISO Y MARCOLA – Sobre la remuneración salarial carcelaria

EL PETISO Y MARCOLA :

 

Sobre la remuneración salarial carcelaria    

Felipe Rilova Salazar / Médico Especialista en Psiquiatría

Mayo de 2017

 

El delito, la marginalidad y el abandono mantienen estrechas relaciones entre sí. Para comprender el sentido de esta afirmación se puede empezar por considerar el margen de este mismo texto, ese espacio en blanco que queda entre el final de estos renglones y los límites de esta página. Allí no hay nada escrito y ese es, justamente,  el lugar en el que se puede escribir o dibujar cualquier cosa. Un garabato, una cuenta, un nombre que no se quiere olvidar, cualquier cosa puede anotarse al margen de un escrito que es ajeno a cualquiera de esas anotaciones y garabatos. A partir de aquí podemos comparar a cualquiera palabra del texto con una persona que pertenece al idioma en el que este está escrito, para acercarnos a comprender la situación de aquel que está dibujado al margen de un texto que lo ignora y lo trata como un término indescifrable que pertenece a una lengua desconocida .

 

En el caso del “a-ban-dono” son tres los sub-elementos etimológicos que precisan la significado de este término. El prefijo “a”, que alude a privación o negación, la unidad semántica  “ban”, presente en términos tales como  ”ban-dera”, “ban-do” o “ban-dido”, en lo que alude, representa o  hace referencia a quien está integrado a un “grupo humano”; y por último aparece el sufijo “dono” que se refiere a “donación”, de modo tal que el “a-ban-dono” es el acto de privar a una persona de una donación básica por la cual se le hace saber que se lo reconoce como a un miembro cabal de un determinado grupo humano.

 

Esto quiere decir que los términos marginación y abandono en algunos aspectos se superponen sin llegar a cubrirse entre sí por completo.

 

El vínculo entre la marginación, el abandono y la delincuencia se reconoce de modo ejemplar en la biografía del asesino serial más estudiado de la criminología argentina: Cayetano Santos Godino, el “petiso orejudo”, aquel que fuera detenido por sus crímenes hacia 1912 cuando sólo contaba con 15 años de edad.

 

Hijo de inmigrantes analfabetos, maltratado  y raquítico, al momento de ser detenido tenía 27 cicatrices en el cuero cabelludo por las palizas que le daba el padre. A pedido de aquel hombre alcohólico y violento Cayetano había sido encerrado a pedido de este padre en el Penal de Marcos Paz, a los 11 años de edad, para que allí se “lo corrigieran”. La legislación de aquel entonces hacía lugar a este tipo de solicitudes. Aquel encierro se extendió por espacio de 3 años hasta que el director del Penal decidió externarlo poco antes de la Navidad de 1911 a fin de que pasara las fiestas venideras con los suyos. Un año más tarde, Cayetano sin embargo volvió a encerrado en un penal hasta el final de sus días

pero no ya por pedido del padre sino por haber sido descubierto como el autor de serie de crímenes atroces que hubo de cometer en el curso de ese último año.

 

Aunque apenas leía y escribía, “el petiso” alcanzaba a reconocer los periódicos que relataban sus crímenes y al ser descubierto se constató que él se dedicaba a coleccionar esos recortes. Abandonado y desde el margen, a su modo el petiso lograba concitar la atención de los periódicos de la época logrando de este modo que el texto social se ocupara de referirse a él.

 

 

Hoy la situación entre la marginalidad, el abandono y la delincuencia persiste pero su forma de expresión ha cambiado. En mayo del 2006 el diario O Globo, de Brasil, publicó una entrevista efectuada al cabecilla de los internos de la cárcel de Sao Paulo (PCC), Marcos Camacho (“Marcola”) :

Periodista: – ¿Usted es el jefe del PCC?

Marcola : – Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria.…..Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.

Periodista:  ¿Usted no tiene miedo de morir?

Marcola: Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera.

En el mes de diciembre de diciembre de 2014 en la Argentina se desató una polémica por un fallo de la Cámara Federal de Casación Penal (CFCP) favorable al otorgamiento de aguinaldo y vacaciones a los internos de los institutos penales que gozaban de un empleo remunerado. El humor social hizo que aquel pronunciamiento judicial se hiciera sentir injusto; más allá de no podría haber sido otro el desenlace de esa deliberación judicial.

Se olvida que, de otro modo, un empleador eventual,  Vg: El administrador de una fábrica de caños de PVC que contrata convictos como mano de obra ( el ejemplo es existe y es real ), bien podría priorizar el empleo de los internos de un penal por sobre los solicitantes comunes de acuerdo con su menor  costo.

El fallo, por otra parte, no hace más que hacer cumplir los términos de la Ley 24.660 de 1996, dos de cuyos artículos agregan: “Los salarios serán abonados en los términos establecidos en la legislación laboral vigente” Art. 120 ; “La retribución del trabajo del interno, deducidos los aportes correspondientes a la seguridad social, se distribuirá simultáneamente en la forma siguiente:

  1. 10 % para indemnizar los daños y perjuicios causados por el delito, conforme lo disponga la sentencia;
  2. 35 % para la prestación de alimentos a la familia.
  3. El resto para formar un fondo propio que se le entregará a su salida”

Art.121

Fuente: http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/verNorma.do?id=37872.

La oposición a este pronunciamiento judicial no hace más que obstruir la incorporación de muchos delincuentes en el texto social a través del trabajo.

Desde los tiempos de Godino, marginado y abandonado antes de ir a prisión, el incumplimiento de las medidas penales de rehabilitación hace sus sentir sus consecuencias hasta hoy porque  “después” de ingresar a prisión se la marginalidad se incrementa y eso redunda en un incremento de la delictividad que se hará ostensible al ser externado después de haber cumplido el período de reclusión.

Durante algunos años – tantos como dura la condena – un convicto puede llegar a percibir, acaso por primera vez, lo que significa ser considerado como “alguien” por parte de otros que integran un texto que lo respeta aun cuando él no lo haya respetado a su vez.

La rehabilitación de quien han avasallado derechos de terceros no pasa por el desconocimiento del aguinaldo o las vacaciones. Nadie devuelve la vida que puede haber truncado; pero si alguien, para el caso un homicida, puede llegar a comprender el valor de esa vida que truncó es a partir del descubrimiento del valor que puede llegar a tener su propia vida para los demás.

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