CUANDO LAS IDEOLOGÍAS REPRODUCEN LO QUE ATACAN

CUANDO LAS IDEOLOGÍAS REPRODUCEN LO QUE ATACAN

La psicoanalista francesa Marie-Madeleine Chatel desarrolla todo un libro a partir de su experiencia de varias décadas en el ámbito hospitalario francés, poniendo un llamado de atención sobre los efectos que comporta la aplicación de técnicas masivas sobre la singularidad. La autora refiere que, para su asombro, en un medio como el suyo ( precursor en la legalización del aborto, adonde la prestación de contraceptivos hacia los años 60 era por entonces gratuita) la despenalización jurídica del aborto no redundó en una disminución de los abortos “caseros” añadiendo que en la década de los 80 y los 90 en su medio las consultas viraron bruscamente hacia pedidos de fertilización asistida y de fecundación in vitro de acuerdo con un inexplicable aumento de la infertilidad en gran escala. En este punto se atreve a afirmar que aquellas decisiones sanitarias de vanguardia habrían tenido en su país un efecto “infertilizante” agregando que, en primer término, en Francia se habrían ocupado de evitar la concepción, después de habilitar legalmente la posibilidad de “sacar” bebes y ahora ella y sus colegas se ven solicitados desde las instituciones de salud a “ponerlos” a través de técnicas de criopreservación de embriones fecundados in vitro (1).

Por la misma época, la Real Academia de Obstetricia de Inglaterra informó que las probabilidades de contraer problemas psiquiátricos graves y permanentes después de un aborto provocado se constatan en el 59% de las mujeres que se someten a esa práctica (2). Ante la propiciación actual del debate sobre la despenalización del aborto, sorprende la poca o nula difusión de lo que en la prensa médica internacional se conoce bajo la denominación de “síndrome post aborto”, o bien “desorden post-traumático por aborto inducido” (2). Este es un cuadro que sobreviene a posteriori de un aborto inducido y en el corto o mediano plazo conlleva otro elevado porcentaje de padecimientos que van desde la pérdida de la fertilidad (4), hasta un inexplicable incremento en la tasa fenómenos tales el cáncer (5), los accidentes fatales o el suicidio (6).

Con el respeto y el amor que debe despertar cualquier mujer que haya pasado por la experiencia de un aborto provocado, cuesta entender si es por ignorancia o por un execrable oportunismo hipócrita y rastrero que aquellos que dicen bregar por sus derechos sean los mismos que propician una práctica que no sólo habrá de incrementar los 43 fallecimientos que ocurrieron a consecuencia de un aborto clandestino en el año 2016 según los datos que aporta el mismo Ministerio de Salud.

El psicoanálisis ha explicado que repetir un acto es a veces una forma de negar su significación. Cuando se vuelve sistemáticamente, a hacer o a decir lo mismo, se puede intentar con ello la negación o el desconocimiento del verdadero significado de lo que se reitera. De acuerdo con la suma de negaciones que repetimos colectivamente, cuando atribuimos la responsabilidad del avasallamiento de nuestra dignidad y nuestra pobreza creciente a la injerencia de agentes externos, esgrimimos con ello una interpretación insuficiente. Sin desconocer la existencia y la pericia de tales enemigos foráneos, es importante ampliar la consideración sobre estos temas para evaluar la enorme responsabilidad que nos cabe como negadores cómplices, frívolos, y reincidentes.

Si algo de lo que nos aqueja puede cambiar, si es posible no eternizar la prosecución pertinaz de las desgracias que nos aquejan, con seguridad es a expensas de reconocer que llevamos en nosotros la veta que proyectamos en nuestros detractores y que nuestro respeto por la vida es, a la fecha, por demás insuficiente. Si no reconocemos esta constrictiva veta reincidente de nuestra condición común, seguramente no podremos revertir el sentido desgraciado y creciente de aquello que vuelve y volverá a ocurrirnos. Desde el encubrimiento y reincidencia el cambio se hace imposible. Sólo una consideración responsable podrá rescatarnos del envilecimiento progresivo al que nuestra misma negación nos lleva. Mientras esto no suceda, seguirán cabalgando entre nosotros, decapitados jinetes invisibles, furiosos y empedernidos reclamando su cabeza. Serán las napas torrenciales e hirvientes de nuestra subjetividad común, apareciendo sorpresivamente como geiseres que despiden a chorros lo negado.

 

(1) Chatel, Marie Magdelaine. “El malestar en la procreación” Nueva Visión, Bs As, 1996(2) Cfr. informe “WEBA” “Women Exploited by Abortion” 3) Bagarozzi DA “Identification, assessment and treatment of (woman suffering from post traumatic stress after abortion” J. Fam Psychoterap. 1994; 5 (3): 25-54 4) Levin AA et. al. “Association of induced abortion with subsecuent pregnancy loss” JAMA 1980; 243: 2495-9/ (/ (5) Daling JR, Malone KE, Voigt LF, White E, Weiss NS “Risk of breast cancer among young women: relationship to induced abortion”, J Natl Cancer Inst 1994; 86:1584-92)/ (6)http://www.afterabortion.org/PAR/V8/n2/finland.html

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