A la pesquisa del “factor heroico”

A la pesquisa del “factor heroico”

¿Cuál es el factor o evento vital que  habría llevado  a esta persona a presentarse justamente hoy en la OVD en procura de acceso a  Justicia? Esa es la pregunta que presumo ha de surgir en muchos de nosotros frente a  quienes las recibimos en la Oficina de Violencia Doméstica, después de haber sido objeto de situaciones de violencia crónica y reincidente en la que se naturalizaron esos atropellos y se produjo un ineludible embotamiento de la sensibilidad que debió correr de la mano de la pérdida del respeto más elemental que toda persona se debe a sí misma.

¿Qué pasó hoy, o acaso últimamente, en la vida de estas personas que se presentan por sí mismas en procura de medidas cautelares que debieran haber solicitado hace años?

Años antes de ingresar en la OVD tuve la oportunidad de atender regularmente por espacio de dos años y medio y en forma ambulatoria a una mujer,  de unos 65 años de edad, que había sufrido un extenso accidente cerebrovascular cuya tomografía axial computada  demostraba una desaparición casi completa de la masa cerebral correspondiente al hemisferio derecho. Sufría de sobrepeso y, a posteriori del accidente cerebrovascular que había arrasado la mitad de su cerebro,  sufría una parálisis del miembro superior e inferior izquierdo que la confinaba a desplazarse en una silla de ruedas; no obstante, se trataba de una mujer animosa, dotada de una sensibilidad refinada y  un humor exquisito que contaba, además, con un vocabulario amplio con el cual lograba expresar con precisión algunas situaciones conflictivas de altísima complejidad.  Aquella mujer había  sido objeto del destrato psicológico que le había deparado siempre su marido hasta el día en que este hubo de formalizar sus relaciones con una de las empleadas domésticas de la casa y a partir de entonces este dejó de verla para siempre. Ella no le guardaba rencor, ni a él ni tampoco a su propia madre, a quien describía con mesura y sin resentimientos como a una mujer contrariada y ambiciosa, que la había amonestado siempre por su sobrepeso infantil llamándola la “chancha overa”. Era también su madre quien la había instado más tarde a casarse con el hombre al que nos hemos referido, quien ya desde su juventud era un empresario acaudalado que con el paso del tiempo hubo de incrementar exponencialmente su fortuna.  Ahora bien, más allá del desprecio reincidente de su madre y de quien después fuera su marido, añadido a los daños neurológicos extensísimos que objetivaba su tomografía computada cerebral, lo cierto es que aquella señora matizaba sus sesiones psicoterapéuticas con poemas de León Felipe, con fragmentos de guiones de obras de teatro que había representado en el curso de su juventud como actriz, o con el recuerdo y las anécdotas de algunas personas humildes que habían estado empleadas de la estancia en la que ella se había criado como la “hija dilecta del patrón”.  Sin rencores ni tristezas se mostraba clemente y mesurada sin negar la realidad de aquellos rasgos cuestionables de su madre y de quien se había convertido luego en su esposo.

¿Cómo habría hecho aquella mujer para retomar la corriente de ternura que había asimilado de su padre y de algunos empleados de la estancia, sin dejarse arrastrar por la corriente amarga que había signado la tónica de las relaciones  sostenidas con su madre y su esposo?

¿Habría sido crisis hipertensiva que arrasó la mitad de su cerebro la que pagó el rescate psicosomático que hoy le permitía vivir sin rencores ni mermas cognitivas?

¿Cuál intensa habrá sido la fuerza torrencial de la corriente pulsional de vida que se había sobrepuesto a la pérdida de casi la mitad de su masa cerebral dejándole sólo secuelas motrices?

Nunca pude constarme aquellas preguntas en términos asertivos, sólo pude colegir que aquella mujer había logrado  dar el salto heroico que la había llevado de una corriente a otra, llevándole a navegar las aguas mansas de la comprensión y la creatividad actual- la que volcaba, por ejemplo, en el cuidado de las plantas  de su extenso jardín – sin dejarse arrastrar por rencores ni negaciones respecto a sus vínculos más sombríos.

Ahora bien, aquella pregunta frente a sus antecedentes vinculares y la falta de correlación entre sus imágenes cerebrales y sus capacidades psíquicas se reactualiza una y otra vez frente a muchas de las señoras afectadas por distintas formas de violencia que llegan a la OVD, incluidas las que han sido objeto de traumatismos encéfalocraneales  reincidentes  y dan cuenta de sus respectivos procesos posconmocionales, cuando un día, de buenas a primeras, deciden acercarse a esta dependencia de la Corte Suprema de Justicia solicitando que se arbitren los medios para poner fin a la situación que vienen padeciendo desde hace años.

Cuando un psicoanalista evalúa a quienes asiste no deja de recurrir a categorías genéricas de diagnóstico a partir de los puntos de fijación pulsional, las defensas psíquicas prevalentes o el tipo de relación interpersonal que reconoce en sus pacientes en el momento de la consulta, pero esta categorización nosográfica sólo alude a la corriente psíquica predominante en la actualidad y la misma no debe llevarnos a  olvidar las posibilidad de cambio, a sabiendas de que esta corriente actual puede ser transitoria, ya que en el psiquismo se asiste a la coexistencia habitual de varias corrientes concomitantes, que operan como orientaciones alternativas para resolver un conflicto, tratándose de corrientes  que tanto pueden incrementarse al recibir afluentes como  tambien abandonarse y quedar como cauces secos que un día se abandonan, pudiendo llegar el momento o las circunstancias enque estos causes abandonados vuelven a rellenarse.

Ya en los primeros trabajos de su obra  Freud sostuvo la tesis de las corrientes psíquicas concomitantes para resolver la tensión entre la necesidad de establecer un diagnóstico, cuidando que esta categorización diagnóstica no atropelle la singularidad de cada quien ni conlleve tampoco a pensar en una cristalización de rasgos y modos de desenvolvimiento que omita las posibilidades de cambio.  Así por ejemplo, cuando realizó el análisis del “Hombre de los Lobos” (1918a) Freud comunicó  que en aquel paciente coexistían al mismo tiempo y en forma alternativa distintas corrientes psíquicas ligadas a un mismo conflicto entre el deseo y su intento de consumación. Entre aquellas corrientes se reconocía una en la que se asistía a la aceptación de la realidad y la consecuente sofocación del deseo,  otra que desestimaba la existencia real del afecto que determinaba aquel conflicto y una tercera corriente alternativa, que más designaría como desmentida (1927b), en la que se aceptaba la realidad de ese deseo pero se desmentían las consecuencias éticas y la dimensión amenazadora que dependían de su consumación. Ese no fue el único trabajo en el que Freud intentó resolver la tensión entre la necesidad de tipificar a través de un diagnóstico sin omitir las posibilidades de cambio que dependían de la corriente psíquica que lograra imponerse a las demás.

Claro que, en orden a estos saltos de una corriente a otra no todos son eventos heroicos o progredientes y así David Maldavsky se ocupa de señalar la posibilidad  de que ocurra lo contrario vinculando esa posibilidad con la noción de “trauma” señalándolo como ese “componente separado del resto que puede transformarse en la brecha que reintroduce el triunfo de la inercia en el seno de las

pulsiones de vida” www.psicoanalisis.com.ar/investigaciones/categoriaseinstrumentosdiagnosticos.htm

Por su parte, el psiquiatra argentino Jorge J. Saurí, en el curso de su obra,  insistió más de una vez en que “ser persona no es sino ir siendo e irse haciendo con otros con quienes se logra amasar la propia existencia” (Saurí, 1990,a) lo que de algún modo permite extrapolar el tema de la concomitancia de las corrientes psíquicas con la diversidad y la cualidad de los vínculos significativos que alguien logra establecer con quienes tallan diferentes surcos en la esfera de su subjetividad. Así, ya en el transcurso de sus primeros trabajos, Saurí también se hubo de referir a las posibilidades de cambio psíquico subrayando que: “sólo varía aquel en que la intervención activa de un prójimo le permite agarrarse de la realidad” (Saurí, 1955b, p.475), para afirmar bastante más tarde que: “La intimidad, lo misterioso del ser humano, cobra cuerpo en el encuentro con un Tu, es trascendente y se realiza fuera de los límites de sí mismo” ( citado por Rubio, Juan M., 2017, p. 17).

En orden a la pesquisa del factor heroico en las personas que llegan a la OVD después de venir padeciendo diferentes formas pretéritas de violencia, previo consentimiento informado de las mismas y contando con los elementos de grabación y filmación de los que la Oficia ya dispone, se podría seleccionar un número mínimo, de alrededor del 5 % de los casos que demandan las evaluaciones neurológicas planteadas, donde distintos operadores de la OVD tomen una entrevista semidirigida de alrededor de una hora a un número cercano a 12 personas en procura de investigar ese evento que hace lugar al salto hacia el “factor heroico” . Para ello sería necesario seleccionar a aquellas personas afectadas que cuenten con los antecedentes penosos precitados y después de 30 o 40 días de haber logrado el otorgamiento de las medidas cautelares que vinieron a solicitar sigan decididas a procurar el alejamiento definitivo de quienes las violentaron.

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