Acompañar y cuidar la vida hasta el final

Acompañar y cuidar la vida hasta el final

 

El 13 de febrero, la Cámara de Representantes de Bélgica aprobó por 86 votos a favor, 44 en contra y 12 abstenciones un proyecto de ley para permitir la eutanasia en menores de edad.

El proyecto debía ser firmado por el rey para convertirse en ley, quien lo rubricó el 3 de marzo. Sancionó la ley de eutanasia para niños en Bélgica, más allá de los 200.000 ciudadanos de 20 países que pidieron que no lo hiciera.  En Bélgica la eutanasia está legalizada desde 2002. Según el artículo 2 de esa ley se entiende por tal “al acto realizado por un tercero que termina intencionalmente con la vida de una persona a petición de esta última”. No se trata, por lo tanto, de alguna forma de renuncia al llamado “encarnizamiento terapéutico”, sino de pasar al acto matar a otra persona bajo ciertas circunstancias especiales con permiso legal incluido.

Las reformas actuales a esa ley de eutanasia modifican algunos de sus artículos para que puedan pedir la eutanasia aquellos niños “dotados de discernimiento” que “se encuentren en una situación médica sin esperanza y padezcan sufrimiento físicos constantes e insoportables que no puede ser aliviados”.

        Flaca responsabilidad la que se le transfiere a un niño, gravemente enfermo, que deberá decidir y pronunciarse por escrito para que se ejecute sobre sí un acto que habrá de avanzar sobre el misterio más profundo de nuestra condición.

Ahora bien, la prestigiosa especialista internacional en el tratamiento del dolor Kathleen M. Foley hace tiempo ha hecho una observación contundente: “Si su médico no le puede calmar el dolor, cambie de médico”. Foley se refiere a que, desde una combinación acertada de los recursos disponibles actualmente, no habría dolor físico que resultara intratable. Por lo tanto, ¿a qué se orienta la reglamentación que procura esta ley? ¿Cuál es su sentido no explícito cuando la misma procede y ha sido elaborada por parlamentarios de un país central que no carece de los recursos técnicos necesarios para hacer efectivos los tratamientos a los que se refiere la doctora Foley?

En la esfera de los cuidados paliativos y pediátricos se puede constatar que, entre el momento en el que se recibe la noticia de una enfermedad de pronóstico ominoso -habitualmente catastrófico- y aquel del desenlace eventual en el que sobreviene la muerte por esa enfermedad transcurren las más de las veces años, frente a los cuales la palabra “terminal” no parece la más adecuada. Por lo demás, cuando tanto el paciente como los suyos están acompañados y reciben asistencia nunca nadie pide que lo maten. Cuando ya se ha dado todo, la vida se entrega, y la enfermedad de aquellos con quienes tanto se compartió parece que hubiera sido un pretexto; y la etapa de los cuidados paliativos, una oportunidad y un privilegio difícil de describir.

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