EL CORAZÓN DEL CIERVO

EL CORAZÓN DEL CIERVO

“La plata no se hace trabajando”. Más allá del cinismo de quien pronunció esta frase en su momento, se impone reconocer que esa afirmación se ha ido haciendo socialmente cada vez más cierta. Hubo sin embargo un tiempo, no muy lejano, donde no sólo la plata sino la vida, la trama de lealtades, de relaciones, de respetos y de referencias se entretejía y se amasaba con y en el mundo del trabajo. La expresión más lograda y representativa de ese bienestar laboral se podía reconocer, sobretodo, en las fábricas y comercios medianos y chicos, y también en el quehacer de los profesionales independientes, quienes  también  por entonces podían proyectar su vida en el tiempo a través del ejercicio cabal de su profesión. En aquel contexto: los empleadores, empleados y profesionales mantenían compromisos avalados por  palabras   confiables que valían tanto o más que un documento firmado.  Lamentablemente, la disolución de la cultura del trabajo se integró a una conjunción de factores entre los que cabe mencionar: el fin de la era industrial, la legislación de flexibilizaciones laborales crecientes, la arenga  del ideario neoliberal en el marco de un país periférico como el nuestro, siendo estas algunas de las tantas situaciones causales de las que devino el deterioro progresivo de las relaciones laborales, en lo que significó una suerte de derrumbe en masa de los sistemas simbólicos de referencia y pertenencia.

Lo mentado configuró un estilo  que  hasta el momento no encuentra visos de reversión. Para más, a la fecha persiste una prescripción y  proscripción social tácita por la cual no sólo la plata no se haría trabajando sino que tampoco debe hacerse trabajando, de donde  hay otros lemas no explícitos de hoy podrían expresarse en los siguientes términos: “De acuerdo con fuertes indicios,  todo hace suponer que el futuro habría muerto como dimensión de proyecciones fiables ligadas a su esfuerzo, y la misma suerte habría corrido la solidaridad como valor social, de modo que el pacto con el Otro mediado por  la palabra carece ya de vigencia entre nosotros. Por eso: Sálvese  quien pueda o sepa como hacerlo– en   lo que se trata por supuesto de una salvación estrictamente individual – para lo cual no venga con remilgos ni reparos éticos. No sea anacrónico – esto quiere decir: no sea imbécil -; porque los tiempos que corren son los de las personas cuya audacia se funda en costumbres elásticas y en principios laxos. Por eso: abandone ya mismo esas nostalgias y ajústese al rimo de nuevos tiempo. Deje de pensar como un viejo”.

Viejo es el viento – diría “mano de piedra Durán y todavía sopla. Respecto a lo expresado, se impone la rumia lenta y esperanzada que nos lleve a descubrir que lo hondo  surge de la raíz recién después de que fue arrancada.  “Si la rama se corta cuando no ha florecido, alcanzará la flecha el corazón del ciervo.” ( José María Cumbreño: Árbol sin sombra

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *