EL EXCESO DE FÁRMACOS, PRESTACIONES TÉCNICAS Y CIRUGÍAS INNECESARIAS CONSTITUYE LA TERCERA CAUSA DE MUERTE EN LOS EEUU

EL EXCESO DE FÁRMACOS, PRESTACIONES TÉCNICAS Y CIRUGÍAS INNECESARIAS CONSTITUYE LA TERCERA CAUSA DE MUERTE EN LOS EEUU

 

Hasta mediados del siglo XIX las enfermedades infecciosas eran las más frecuentes de la humanidad y constituían la principal causa de muerte en todo el planeta. Hoy esta situación ha cambiado y la geografía y la economía determinan que la muerte por infecciones cambie drásticamente de una nación a otra. Así, por ejemplo, de acuerdo a guarismos actuales de la Organización Mundial de la Salud, en los llamados países periféricos o con bajos niveles de desarrollo, la mortalidad por infecciones supera el 50 % al tiempo que, en los países con altos niveles de desarrollo, la mortalidad infecciosa no llega al 5 % de todos los decesos.

La medicina contemporánea nació a partir de una revolución científica que se desató a fines del siglo XIX, justamente en el momento en que se descubrió la relación entre cierto microrganismo específico y una entidad patológica por entonces ya tipificada: La Tuberculosis. Hasta hoy el curso de la era bacteriológica se desarrolló a partir de ese hallazgo, y desde entonces se han operado cambios en la disponibilidad de recursos técnicos y farmacológicos en la esfera de la salud cuya tasa no tienen precedentes en toda la historia. No obstante, se impone establecer sin demora una revisión del modelo que rige a la medicina actual en su desenvolvimiento. Lo que ocurre es que, más allá de los logros incuestionables alcanzados a partir del nacimiento de este “paradigma” médico, hoy sabemos que la contracción, el agravamiento o la remisión de gran parte de los procesos patológicos se vinculan con una gama de factores que este modelo desestima, por cuanto se trata de factores que no convalidan los cánones y los supuestos que sostienen a este marco conceptual.

Aunque no faltan los datos fundados que afirman que la educación, el tipo de vivienda, la presencia de redes cloacales, la alimentación y las características del entorno psicológico y socio ambiental resultan ser tanto o más eficaces que las vacunas y  los antibióticos para prevenir o revertir el curso de muchas  patologías, desde las férreas matrices positivistas en las que se encuentra instalado el paradigma médico, los factores sanitarios o socio psicológicos ocupan hasta la fecha un lugar secundario para el saber médico. De acuerdo a los automatismos mentales que impone el paradigma vigente, el saber del médico se debe concentrar en la búsqueda y el combate de “causas” de enfermedad que, al igual que las bacterias, deben ser agentes  ajenos y exteriores a la persona que padece una patología. En este sentido, al papel que se otorgó inicialmente a los microbios como “causas” de enfermedad sigue siendo el derrotero que marca el camino que todo galeno debe seguir en su actividad, sin que esté llamado a interiorizarse demasiado por el entorno, la subjetividad o los “motivos” personales que alguien pueda tener para enfermarse.

De acuerdo al marco de conceptos que propone el modelo médico hegemónico, la consideración de la singularidad de cada “quien” es una cuestión ajena al quehacer de la medicina como institución social. Así, desde el momento inaugural en que se constituye marco conceptual contemporáneo la práctica médica dejo de ser “asistencial” (del Lat. “ad sistere”: “estar al lado de”) para convertirse en un quehacer estrictamente “terapéutico”.

Desde su nacimiento hasta hoy, la prioridad del modelo se sigue orientando a la búsqueda del elemento material, homologable a las primeras bacterias, para que este elemento material (visible) pueda ser elevado el rango de “causa” de una patología humana debe poder reproducirse experimentalmente ser observado por todos. O sea que: mientras la tristeza no se pueda visibilizar a través del microscopio y reproducirse experimentalmente  las investigaciones médicas pasaran a desentenderse de investigar el papel “causal” que puede estar jugando en la génesis de cualquier patología

En efecto, a partir del momento en que se descubre la presencia del bacilo Koch en la Tuberculosis, las investigaciones médicas pasaron priorizar aquellos estudios que remedaran los mismos pasos metodológicos que permitieron controlar a las primeras infecciones y desde entonces y hasta hoy, la solicitud de estudios se limita a reconocer “causas”, productoras de patologías, que han de ser forzosamente “materiales”, “exteriores” y “ajenas” a la persona que padece un proceso mórbido. Sólo después de haberse descubierto ese factor signado por las características mentadas se habrá de dar comienzo a la fase “terapéutica” que se habrá de circunscribir a la implementación de recursos que también habrán de ser “materiales”, “ajenos” y “exteriores” a la persona que contrajo una enfermedad, con lo cual termina el capítulo de las principales intervenciones médicas, circunscripto, como dijimos: a la indicación de técnicas diagnósticas, a la prescripción de fármacos y a las cirugías planteadas muchas veces sólo con fines exploratorios. O sea que las cuestiones psíquicas, sociales o incluso las mismas cuestiones sanitarias, no ocupan nunca el lugar que merecen en el escenario mental de un médico formado en este modelo de pensamiento.

Al respecto se debe tener en cuenta que ese es el modelo de pensamiento en que se lo viene instruyendo desde el primer día en que el estudiante inició su formación académica, lo que conlleva consecuencias paradójicas en orden a su quehacer, porque cuando el objeto de una ciencia es también un sujeto, la desestimación de la subjetividad añadida a la desestimación de su entorno cuenta por sí misma con la capacidad de provocar o agravar enfermedades.  En esto, no sólo se trata de denunciar un estilo que cuenta con la capacidad de provocar lo mismo que trata, debiendo añadirse que se trata de un modelo que también habrá de afectar al mismo médico quien se ve obligado a disociar de manera permanente su propia afectividad para cumplir con sus obligaciones profesionales.

Hacia el año 2000 cobraron celebridad los trabajos de investigación de la Dra. Bárbara Starfield ( co- directora del Departamento de Política y Gestión Sanitaria de Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins en EEUU) porque de acuerdo a un estudio dirigido por ella  a nivel nacional, se logró un relevamiento en el que se demostró que a causa de los efectos adversos de los  fármacos, añadido a  la indicación abusiva de estudios  diagnósticos y a las complicaciones dependientes de cirugías innecesarias se producía tal número de fallecimientos que resultaban en que la tercera causa de muerte en los EEUU dependiera de estos excesos dependientes de la medicina. [1]

En aquel trabajo germinal se dejó en claro que la investigación se había dedicado a consignar sólo los fallecimientos y que sus registros habían dejado deliberadamente de lado los millares de casos que habían pasado a sufrir discapacidades o minusvalías vitalicias por los mismos excesos médicos.

Esta  investigación despertó en su momento perplejidad y un grado de consternación social considerable. En el país en el que los cánones del paradigma médico actual se encuentran acaso más acendrados, sitio que ocupa además el segundo lugar mundial en orden a las disponibilidades de tecnología médica, la posibilidad de verse perjudicado por esa misma capacidad tecnológica demostró ser altísima.

Así, sin que falten justamente automóviles en los EEUU, en términos estrictamente estadísticos los accidentes debidos a las cirugías innecesarias, a la sobre prescripción de fármacos y la indicación excesiva de técnicas de diagnóstico conllevan en ese país más muertes que los mismos accidentes de tránsito, situados estos últimos en el 4º lugar como causa de mortalidad en USA.

Es así que, en el primer país del mundo se demostró que la tercera causa de muerte dependía de los excesos cometidos por la medicina y, a partir de entonces, se dispusieron cambios legislativos en distintos estados orientados a limitar la implementación de técnicas diagnósticas, la sobreprescripción de fármacos y la indicación de cirugías innecesarias.

La Dra. Starfield fue invitada a la República Argentina en el año 2006 para participar del Primer Congreso Iberoamericano de Medicina Familiar. En aquel momento, ella era considerada  como una de las investigadoras más prestigiosas a nivel mundial en la atención primaria de la salud tanto por su doctrina como por la calidad de sus  publicaciones. Miembro de numerosas sociedades científicas y asesora de las instituciones sanitarias oficiales de diferentes países, integró también el comité de edición  y revisión de artículos de las revistas médicas más reputadas, a lo cual hubo de añadir el desarrollo de tres instrumentos orientados a la evaluación sanitaria de una comunidad como fueron: el “Primary Care Assessment Tool” (PCAT), orientado a evaluar la calidad de la Atención Primaria de la Salud; el “Child Health and Illness Profile” (CHIP), instrumento apto para evaluar el estado de salud de los adolescentes y niños y la “Johns Hopkins Adjusted Clinical Groups” (ACG), como instrumento utilizado para cotejar los grados de comorbilidad de distintos  procesos patológicos.

Esta   investigadora  falleció en el año 2011, probablemente ignorando que los guarismos globales de mortalidad médica en su país no se habrían modificado hasta entonces a pesar de todos sus esfuerzos. En un trabajo más reciente, publicado el día 3 de mayo de 2016 por el “British Medical Journal of Medicine” (BMJ), se sigue afirmando que la tercera causa de muerte en los EEUU sigue dependiendo de los médicos sólo que, en este último trabajo, no se inculpa a los excesos de la medicina sino a los errores que cometerían los médicos por falta de descanso, para explicar el tenor de este guarismo alarmante.

En este último trabajo del BMJ, el profesor Makary y el investigador Daniel (Makary & Daniel  2011 a) explican que factores tales como las fallas en la comunicación, los errores diagnósticos, la pobreza de juicio y la impericia serían los responsables de la alta tasa de mortalidad ligada a la medicina en una investigación efectuada a partir de lo que se consigna en los certificados de defunción de todo el país.

Llamativamente los autores de este trabajo  no  mencionan a la Dra. Starsfield ni  hacen referencia a los excesos  técnicos denunciados por ella (Starsfield, B. 2000 a). La explicación actual del problema sanitario que denuncian se la atribuyen ahora a los “errores de los médicos”. Es muy probable que la explicación de este fenómeno sea otra y que la causa primaria de los decesos que proceden de la medicina no dependa de los “errores de los médicos” sino de los errores inducidos por un “modelo de pensamiento médico” que, por el momento – salvo honrosas excepciones como las planteadas por el Dr. Francisco Maglio desde la medicina o por Eduardo Menéndez desde la antropología –  no se está está siendo responsabilizando   por los errores y excesos que comete la medicina.

No se trata de desestimar el valor de los logros monumentales alcanzados por la medicina, pero desde las férreas matrices positivas en las que se encuentra instalado se impone señalar con C.F. Von Weizsäkert  que: “La insuficiencia de la ciencia natural no estriba en lo que afirma sino en lo que silencia”.

 

[1] Revista JAMA (Journal of the American Medical Association) Dra. Starfield, B. Vol 284, 26 de Julio, 2000- Trabajo de investigación en el que se constata que en EEUU es mucho más probable morir por alguna forma de mala praxis que por un accidente automovilístico ubicado, este último evento, como cuarta causa de muerte en los EEUU

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