Proyectos de Investigación

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PROYECTO DE VALIDACIÓN DEL “TEST DE APERCEPCIÓN TEMÁTICA EN ABUSO SEXUAL INFANTO JUVENIL” (ASIJ): Descargar

PROYECTO DE VALIDACIÓN DEL “TEST DE APERCEPCIÓN TEMÁTICA EN ABUSO SEXUAL INFANTO JUVENIL” (ASIJ) LAMINAS: Descargar

 

“PROYECTO DE INVESTIGACIÓN SOBRE TECsREINCIDENTES EN VIOLENCIA DOMÉSTICA”
Felipe Rilova Salazar

Médico Especialista en Psiquiatría
Prosecretario Jefe
Oficina de Violencia Doméstica
Corte Suprema de Justicia de la Nación

Este proyecto ha sido registrado en el Sistema ISBN Argentino con el número: ISBN: 978-987-42-4270-9> http://www.isbn.org.ar/web/busqueda-simple.php

 Resumen: El estudio procura reconocer los indicadores de irreversibilidad y de pronóstico reservado frente a los Traumatismos Craneo Encefálicos que reinciden con tanta frecuencia en Violencia Doméstica. El objetivo final es otorgar asistencia temprana a los que presenten indicadores de pronóstico reservado, permitiendo también una adecuada tipificación médico legal de estos cuadros.

a) Naturaleza del problema a considerar: La presente es para compartir con ustedes una inquietud creciente, vinculada con el subregistro de algunas mermas neurocognitivas de pronóstico reservado que se presentan con marcada frecuencia en muchas de las comparecientes que asistimos en el consultorio médico de la OVD (Oficina de Violencia Doméstica de la CSJN) a posteriori de haber sido víctimas de Traumatismos Encefalo Craneales (TECs) reincidentes.

El hecho de que el consultorio médico de la Oficina de Violencia Doméstica cuente con muy buena luz natural, ha sido un elemento fortuito que ha llevado a preguntar a muchas de las evaluadas por una secuela de los TECs como es la “fotofobia” – : molestia ante la luz intensa – toda vez que las mismas fruncían el entrecejo en el curso de las evaluaciones médicas que se integraban a sus legajos. Se consigna este dato fortuito porque, de no haberse presentado esta incomodidad que  llevaba a estas personas a fruncir el entrecejo ante la luz ambiental, muchas de estas personas no hubieran  hecho referencia a los TECs, a veces porque las lesiones visibles o palpables dependientes de los mismos ya no se reconocían y otras porque los TECs que habían dejado esa secuela “fotofóbica” habían ocurrido meses atrás y las afectadas no vinculaban esa incomodidad con los traumatismos de cráneo – junto a otro conjunto de síntomas  específicos– como los elementos semiológicos típicos de lo que se conoce como “Síndrome Post Conmocional”, proceso este que muchas veces conlleva un deterioro neurológico duradero que puede llegar a ser irreversible e incluso alcanzar, en algunos casos, un carácter progresivo que llega a la demencia.

Hoy sabemos que un TEC agudo es de grado leve, cuando en la escala de Glasgow – desarrollada en 1974 – la persona afectada alcanza un puntaje situado entre 13-14 puntos; el TEC es de grado moderado cuando esa puntuación se sitúa entre 9 y12 puntos y el TEC es grave cuando en la misma escala el puntaje se ubica entre 3 y los 8 puntos.

No obstante lo cual, desde el estado actual de nuestros conocimientos, no hay una aprobación de consenso que acepte una relación biunívoca entre los TECs reincidentes y la evolución posconmocional  ulterior. En esta línea, tampoco conocemos los estadios intermedios y los índices de progresión y/o  mal pronóstico de los TECs que se reiteran, y sólo se coincide en que la cefalea y el vértigo son los síntomas que persisten por periodos variables en los así llamados “síndromes post conmocionales”, tema que no sería tan grave si  no corriera de la mano de una transmisión oral procedente de la cultura carcelaria masculina que reza más o menos lo siguiente: “vos pegale a tu mujer todos los días en la cabeza, sin dejarle marcas, que con el tiempo te va a terminar obedeciendo”.

La frase anterior, llamativamente coincidente en todos y en cada uno de sus términos, ha sido oída reiteradas veces por el suscripto en el consultorio de la OVD, como resultado de la exhibición que muchos golpeadores violentos habrían comunicado a sus víctimas en alarde de descaro intimidatorio e impunidad.

En el libro “La Violencia Doméstica: Causas y secuelas de un problema humano complejo” (Rilova Salazar, Felipe. Editorial Ad-Hoc, febrero de  2017 www.adhoc-villela.com/novedades), en las páginas  51, 52 y 53, se consignan los pormenores de un caso gravísimo  asistido a pocos meses de la apertura de la OVD. Como es de esperar, en relación a este caso no deja reconocer ningún dato que permita la identificación de la víctima en resguardo a su privacidad, pero acaso convenga volver sobre aquel caso paradigmático en el que se reconocían a las claras tanto el sub registro como la inadecuada tipificación médico legal del cuadro, teniendose en cuenta que, si ampliáramos los conocimientos sobre este tema,  al menos podría haber evitado que la curatela de aquella mujer demenciada irremediablemente por los TECs  reincidentes, de poco más de 30 años de edad, no hubiera recaído, justamente, sobre aquel que premeditó llevarla a ese estado provocándole TECs a diario.

b) Introducción a la evaluación posible: Sólo a través de una investigación científica válida y metódica cuyo diseño se oriente a correlacionar distintas variables frente a las secuelas neurológicas de los TECs reincidentes que ocurren en el marco de la Violencia Doméstica, se podría alcanzar un conocimiento científico contundente y generalizable de altísimo valor social. Para ello se debería contar con la aprobación y los ajustes de un Comité de Ética de Investigación, compuesto por profesionales que no pertenezcan ni a los organismos beneficiarios de la investigación ni tampoco a los oficien como efectores del estudio. Así mismo, la investigación tendría que ser efectuada indefectiblemente por profesionales idóneos y calificados de distintas disciplinas, que se avengan a someterse a una vigilancia dinámica y continua cumpliendo las pautas bioéticas consensuadas por la OMS (Pautas CIOMS) en orden al respeto, la autonomía y la confidencialidad que se le debe a toda persona que participe de una investigación en la que ella misma es evaluada.

A través de un proceso que incluya la consideración de aspectos biológicos, cognitivos, psicológicos y socio ambientales se puede alcanzar un conocimiento científico e interdisciplinario fundado que eventualmente permita revertir el sub registro de estas secuelas y actuar en algunos casos a tiempo a fin de aplazar los deterioros previsibles.

c) Antecedentes recientes: Hasta el mes de diciembre del año 2016, una búsqueda en la base de datos bibliográfica PUBMED del gobierno de los Estados Unidos revela la existencia de sólo 18 artículos publicados en la prensa médica internacional que se ocupan específicamente de este tema. La mayor parte de estos trabajos están vinculados con la medicina legal y lo cierto es que, por el momento, todo está por decirse en relación a la inquietud que planteo respecto a los “estadios intermedios de los eventuales deterioros irreversibles o progresivos consecutivos a TECs”, por cuanto estos trabajos no arriban a conclusiones terminantes a falta, las más de las veces, de una casuística suficientemente amplia como para lograr un conocimiento generalizable.

La misma falta de contundencia en relación a estas secuelas se reconoce en el artículo publicado  el 1° de febrero del 2017 en la revista “Neurology”, donde un grupo de investigadores se dedicó a evaluar a unos 200 jugadores de futbol amateur en las EEUU, señalando los daños neurológicos que podrían depender de cabecear la pelota con frecuencia. “Muchos jugadores que cabecean la pelota con frecuencia experimentan síntomas clásicos de conmoción, como dolor de cabeza, confusión y mareo, durante los partidos y los entrenamientos, aunque no se les diagnostique una conmoción”…….”Los que sufren conmociones deberían evitar más colisiones o impactos en la cabeza durante días o semanas, cuando su riesgo de sufrir una segunda conmoción es extremadamente alto dado que estas lesiones pasan inadvertidas y no se gestionan, podría haber consecuencias clínicas importantes a corto y a largo plazo”.[1]

Esta falta de contundencia en las recomendaciones de este trabajo, publicado en una revista prestigiosa y especializada,  guarda directa relación con el escaso número de casos evaluados. Al respecto no temo equivocarme al afirmar que no ha de haber ningún servicio de neurología de ningún hospital del país que cuente con un número personas afectadas por un número de TECs reincidentes tan alto como el que se reconoce en la OVD, lo que le otorgaría un porte casuístico único a la investigación prospectiva que se realizara sobre muchas de nuestras  asistidas.

No existe, hasta el momento, un acuerdo unánime respecto a “los estadíos intermedios de deterioro” consecutivo a los TECs, ni contamos con una investigación que nos permita reconocer los “indicios de progresión y de mal pronóstico” de los “síndromes post conmocionales”. Al respecto sólo se coincide en que la cefalea y el vértigo son los síntomas más frecuentes a posteriori de los TECs reincidentes.

En relación al pronóstico de remisión de las secuelas de TCEs  un número considerable de autores afirma que a los tres meses de  traumatismo encéfalo craneal moderado, el 50% presenta un síndrome post-conmocional cuyos síntomas decrecen hasta un tercio de los iniciales siempre que este golpe lo haya padecido una persona joven y saludables y eso haya ocurrido en una única ocasión.

Falta consignar además que la organicidad del síndrome neurológico posconmocional ha sido extensamente documentada a través de estudios neurorradiológicos, de perfusión cerebral, electrofisiológicos y neuropsicológicos, pero hasta aquí llegan nuestros conocimientos sobre el tema, sin haber alcanzado todavía el umbral que requieren las afirmaciones científicas taxativas.

d) Antecedentes remotos: Hacia 1916, el célebre neurólogo francés Pierre Marie propuso el nombre de “Síndrome subjetivo post conmocional” para describir las secuelas tardías de los traumatismos encéfalo craneales (TCEs) cuya sintomatología se definía fundamentalmente por cefaleas, tristeza, estado vertiginoso y carácter irritable. En 1934, esa descripción inicial ingresó a la tierra de sombras del que pasó a llamarse “Síndrome post conmocional” (SP), en alusión a un grupo mucho más amplio y heterogéneo de síntomas que pueden  presentarse o no, pudiendo llegar a persistir o incluso progresar después de un traumatismo craneoencefálico (TCE) al margen de su gravedad inicial o su reincidencia.

Tiempo después, la neurología académica hubo de reconocer la existencia del que pasó a llamar  “Síndrome de segundo impacto”, en alusión el incremento exponencial de los deterioros posteriores a los TECs, cuando un nuevo traumatismo encéfalo craneal se presenta antes de que se hayan resuelto las secuelas neuro cognitivas del primero.

Desde otra especialidad médica, la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) incluyó al síndrome post conmocional dentro del apéndice de las propuestas como nuevas categorías diagnósticas del DSM-IV en el año 2000, toda vez que se cumplen cierto número de criterios diagnósticos y, por la misma época, consignando  un espectro de criterios más amplio, la Clasificación Europea Internacional de Enfermedades (CIE 10) hubo de situar al síndrome post conmocional  dentro de los trastornos de la personalidad y del comportamiento debidos a lesiones cerebrales.  Según esta última clasificación, el síndrome post conmocional se presentaría normalmente después de un traumatismo de cráneo suficientemente grave como para haber provocado una pérdida de la conciencia, no siendo esta pérdida de conciencia un criterio excluyente para muchas otras perspectivas  no menos reputadas.

El  (CIE 10)  incluye entre los criterios para el diagnóstico de un síndrome posconmocional un número de síntomas que resulta ser tan diverso como inespecífico consignándose: cefaleas, mareos, cansancio, irritabilidad, dificultades de concentración y de la capacidad de llevar a cabo tareas intelectuales, deterioro de la memoria, insomnio, molestias visuales ante la luz intensa (“fotofobia”) así como la tolerancia reducida a situaciones estresantes y al alcohol. Todos estos síntomas pueden acompañarse además de un estado de ánimo depresivo o ansioso y de una pérdida de la estima de sí.

Hasta el momento, esta multiplicidad y diversidad de enfoques y síntomas para una misma entidad no ha contribuido a su mejor reconocimiento sino a lo contrario. Lo que en lugar de tener un único nombre admite tantas denominaciones distintas, añadido al hecho de la falta de jerarquización y frecuencia de los síntomas que lo componen induce a dudar de la existencia real de ese cuadro, llevando en otros casos a pensar en una multiplicidad de entidades disímiles que encubren la existencia de un mismo fenómeno común, cabiendo aclarar que esto mismo podría ocurrir con la “neumonía” o la “apendicitis aguda” si estos cuadros recibieran tantas denominaciones como formas de presentación.

Seguimos hablando así de entidades que han sido descriptas hace más de 100 años por Pierre Marie como si se tratara de entidades recién nacidas, y con ello prosigue nuestro desconocimiento  respecto a los estadios intermedios de estos cuadros, a sus plazos de remisión, a sus eventuales indicadores de progresión y de pronóstico ominoso, con lo cual el sub registro de estas secuelas sigue siendo tan inadecuada como su tipificación médico legal.

La historia de la medicina da cuenta de acontecimientos célebres en los que se han reconocido intereses ajenos a la Ciencia condicionando la dirección de las investigaciones e incidiendo sobre sus resultados. Así, hacia 1928 la tipificación de la Demencia Pugilística (DM) tuvo fuertes detractores “científicos” que negaban la existencia de esa entidad respondiendo a los intereses de la Asociación Mundial de Boxeo. Mucho más recientemente, hacia septiembre del 2015, en EEUU el reconocimiento de la Encefalopatía Traumática Crónica (ETM) tuvo repercusión mundial, porque después de largas contiendas la ETM demostraba la relación inequívoca que se presentaba en las necropsias de aquellos hombres que, habiendo sido jugadores profesionales de Futbol Americano, después de los 40 años de edad sufrían graves trastornos mentales que se correlacionaban con los daños cerebrales microscópicos que se demostraban en las autopsias de estas personas afectadas por un cuadro neuro-psiquiátrico proteiforme que conllevaba, además, una expectativa de vida acotada.

¿Cómo no advertir, entonces, que ante las secuelas de los TECs reincidentes que se presentan  en el marco de la Violencia Doméstica no puede estar ocurriendo algo similar, en orden a la cadena de consecuencias y responsabilidades que dependerían de su identificación y tipificación precisa?

e) El objetivo de llevar adelante la investigación El reconocimiento temprano de los indicios de mal pronóstico frente a las secuelas de los TECs reincidentes que ocurren en el ámbito de la Violencia Doméstica, permitiría redoblar los esfuerzos terapéuticos orientados a aplazar los deterioros neurológicos esperables. Los resultados de una investigación seria y metódica que se ocupe de reconocer la presencia de indicadores neurológicos de pronóstico reservado se integraría además al acervo de los conocimientos médicos generalizables que serían aprobados internacionalmente lo que redundaría también, en tal caso, en modificaciones drásticas en lo que respecta a la tipificación de estas mermas neuro-cognitivas que sin ser inicialmente ostensibles constituyen sin embargo lesiones muchas veces gravísimas.

Los Traumatismos Encefalo Craneales (TECs) que se reportan en la OVD son hechos que muchas de las afectadas refieren como actos reincidentes y frecuentes que vienen padeciendo durante años. Sólo en los casos en los que el embotamiento no ha llegado tan lejos, o en aquellos otros en los que interviene un tercero como denunciante se logra en estas víctimas el acceso a Justicia. Estamos obligados suponer, entonces,  que muchas afectadas por estas situaciones frecuentes y reincidentes no procuran ni logran acceso a Justicia, por cuanto la cultura carcelaria viene superando con creces a la Ciencia en este tema en particular.

f) Aspectos neurológicos de la investigación a efectuar La investigación adecuada al reconocimiento y seguimiento de las personas afectadas por TECs reincidentes excede el marco de las prestaciones habituales que ofrecen los hospitales públicos de la C.A.B.A. con los que la OVD tiene acuerdos.

Habiendo podido compartir estas inquietudes respecto a los TECs reincidentes con el  actual Director del Hospital Juan A. Fernández – el Dr. Ignacio Previgliano – de acuerdo con su condición de  neurólogo con amplia experiencia en investigaciones internacionales,  este habría hecho saber a quien suscribe el profundo interés que revestiría un estudio como el propuesto para la comunidad científica internacional y se ofrece a acompañar el diseño de una de las partes del protocolo que se integrarían a este estudio interdisciplinario desde su institución.

A su juicio se necesitarían fondos procedentes para costear las evaluaciones y los estudios complementarios extraordinarios de por lo menos 532 pacientes que reporten ser víctimas de TECs reincidentes en el ámbito de la Violencia Doméstica. Ese es el número mínimo de casos a partir del cual el consenso mundial considera que se podrían lograr conclusiones que alcancen el rango de conocimientos generalizables que gocen de reputación científica universal. Consigno, en relación a este aspecto, que el paneo superficial de las computadoras del consultorio médico de la OVD arroja más de 900 personas que podrían haberse incluido en esa investigación.

A juicio del mentado, si el Hospital Fernández calificara como centro único receptor de una de las partes de este estudio, en tal caso esa institución necesitaría contar con dos profesionales expertos en evaluaciones neurocognitivas dedicadas a evaluar a las personas afectadas por síntomas posconmocionales que lleguen desde la OVD.

Así mismo, a los fines de determinar si los signos posconmocionales son de carácter transitorio o definitivo, las víctimas de esta forma de violencia deberían completar esas evaluaciones neurocognitivas con una RMN con tractografía, en tanto se trata de un estudio que actualmente permite ver el estado de las conexiones nerviosas y marcar la reversibilidad o irreversibilidad de las lesiones neurológicas. A lo anterior añadió que  algunas de las personas afectadas requerirían también una evaluación de la reserva hemodinámica cerebral a través de un estudio no invasivo como es el Doppler Transcraneano. (Cfr. driprevigliano.com.ar/index.php/doppler-transcraneano).

g) Aspectos Clínicos de la Investigación a efectuar Por mi parte descuento que cada una de las personas evaluadas deberá ser beneficiaria de una evaluación clínica añadida que desde el laboratorio, la radiología y el electrocardiograma investigue comorbilidades posibles puedan condicionar las mermas que se investigan ( Vg.: Estado nutricional; Diabetes; Hipertensión; Chagas; Sífilis; VIH; Hepatitis B; Hepatitis C; Talasemia; Púrpuras; TBC…). A lo anterior creo que sería indicado incluir en el estudio a personas jóvenes ( Vg,: el grupo etario de personas afectadas cuyas edades estén comprendidas entre los 22 y los 49 años de edad ) lo que excluiría la posibilidad de que los resultados del estudio se vean afectados por mermas neurológicas o cognitivas debidas a la involución.

h) La consideración de los antecedentes psicosociales de las personas afectadas De acuerdo con el carácter integral de nuestra condición, una investigación que sólo se circunscribiera a detectar la indemnidad o el deterioro de estructuras anatómicas del sistema nervioso carecería de consistencia si sólo se demorara en correlacionar lesiones neuronales con mermas cognitivas, desatendiendo la consideración de aspectos tales como la alimentación, el tipo de vivienda, el nivel de instrucción, el ámbito cultural de procedencia, las redes sociales de contención así como la actividad laboral que desarrollan las personas evaluadas. Claro que, para ello, contaríamos con los datos que ya se consignan en la OVD en las fichas y en las evaluaciones de riesgo, y sólo habría que añadir esos datos para correlacionarlos con los hallazgos que surjan de las evaluaciones neurológicas y cognitivas a las que ya se ha hecho mención. 

i) Otros auxiliares de la investigación a realizar  La investigación necesita contar con el asesoramiento y los servicios de un experto en metodología en la investigación científica que se ocupe de establecer los arreglos del método y el protocolo, otro experto en estadísticas y un tercer experto en sistemas que tendría que ocuparse de ajustar cada término de la investigación a un  aplicativo informático que permita correlacionar la extensa serie de variables que deben recabarse. El estudio demandaría además de  un coordinador general – “study coordinator” – que se encargue de los ajustes dinámicos que puede demandar la investigación en el tiempo, oficiando a la vez de puente entre los organismos efectores, las autoridades de la OVD, elevar los reportes a los organismos que estipendien el estudio, a lo que hay que añadir la inclusión de un coordinador local  en cada uno de los organismos efectores que participen del estudio.

j) A la pesquisa del “factor heroico”

¿Cuál es el factor o evento vital que  habría llevado  a esta persona a presentarse justamente hoy en la OVD en procura de acceso a  Justicia? Esa es la pregunta que presumo ha de surgir en muchos de nosotros frente a  quienes las recibimos en la Oficina de Violencia Doméstica, después de haber sido objeto de situaciones de violencia crónica y reincidente en la que se naturalizaron esos atropellos y se produjo un ineludible embotamiento de la sensibilidad que debió correr de la mano de la pérdida del respeto más elemental que toda persona se debe a sí misma.

¿Qué pasó hoy, o acaso últimamente, en la vida de estas personas que se presentan por sí mismas en procura de medidas cautelares que debieran haber solicitado hace años?

Años antes de ingresar en la OVD tuve la oportunidad de atender regularmente por espacio de dos años y medio y en forma ambulatoria a una mujer,  de unos 65 años de edad, que había sufrido un extenso accidente cerebrovascular cuya tomografía axial computada  demostraba una desaparición casi completa de la masa cerebral correspondiente al hemisferio derecho. Sufría de sobrepeso y, a posteriori del accidente cerebrovascular que había arrasado la mitad de su cerebro,  sufría una parálisis del miembro superior e inferior izquierdo que la confinaba a desplazarse en una silla de ruedas; no obstante, se trataba de una mujer animosa, dotada de una sensibilidad refinada y  un humor exquisito que contaba, además, con un vocabulario amplio con el cual lograba expresar con precisión algunas situaciones conflictivas de altísima complejidad.  Aquella mujer había  sido objeto del destrato psicológico que le había deparado siempre su marido hasta el día en que este hubo de formalizar sus relaciones con una de las empleadas domésticas de la casa y a partir de entonces este dejó de verla para siempre. Ella no le guardaba rencor, ni a él ni tampoco a su propia madre, a quien describía con mesura y sin resentimientos como a una mujer contrariada y ambiciosa, que la había amonestado siempre por su sobrepeso infantil llamándola la “chancha overa”. Era también su madre quien la había instado más tarde a casarse con el hombre al que nos hemos referido, quien ya desde su juventud era un empresario acaudalado que con el paso del tiempo hubo de incrementar exponencialmente su fortuna.  Ahora bien, más allá del desprecio reincidente de su madre y de quien después fuera su marido, añadido a los daños neurológicos extensísimos que objetivaba su tomografía computada cerebral, lo cierto es que aquella señora matizaba sus sesiones psicoterapéuticas con poemas de León Felipe, con fragmentos de guiones de obras de teatro que había representado en el curso de su juventud como actriz, o con el recuerdo y las anécdotas de algunas personas humildes que habían estado empleadas de la estancia en la que ella se había criado como la “hija dilecta del patrón”.  Sin rencores ni tristezas se mostraba clemente y mesurada sin negar la realidad de aquellos rasgos cuestionables de su madre y de quien se había convertido luego en su esposo.

¿Cómo habría hecho aquella mujer para retomar la corriente de ternura que había asimilado de su padre y de algunos empleados de la estancia, sin dejarse arrastrar por la corriente amarga que había signado la tónica de las relaciones  sostenidas con su madre y su esposo?

¿Habría sido crisis hipertensiva que arrasó la mitad de su cerebro la que pagó el rescate psicosomático que hoy le permitía vivir sin rencores ni mermas cognitivas?

¿Cuál intensa habrá sido la fuerza torrencial de la corriente pulsional de vida que se había sobrepuesto a la pérdida de casi la mitad de su masa cerebral dejándole sólo secuelas motrices?

Nunca pude constarme aquellas preguntas en términos asertivos, sólo pude colegir que aquella mujer había logrado  dar el salto heroico que la había llevado de una corriente a otra, llevándole a navegar las aguas mansas de la comprensión y la creatividad actual- la que volcaba, por ejemplo, en el cuidado de las plantas  de su extenso jardín – sin dejarse arrastrar por rencores ni negaciones respecto a sus vínculos más sombríos.

Ahora bien, aquella pregunta frente a sus antecedentes vinculares y la falta de correlación entre sus imágenes cerebrales y sus capacidades psíquicas se reactualiza una y otra vez frente a muchas de las señoras afectadas por distintas formas de violencia que llegan a la OVD, incluidas las que han sido objeto de traumatismos encéfalocraneales  reincidentes  y dan cuenta de sus respectivos procesos posconmocionales, cuando un día, de buenas a primeras, deciden acercarse a esta dependencia de la Corte Suprema de Justicia solicitando que se arbitren los medios para poner fin a la situación que vienen padeciendo desde hace años.

Cuando un psicoanalista evalúa a quienes asiste no deja de recurrir a categorías genéricas de diagnóstico a partir de los puntos de fijación pulsional, las defensas psíquicas prevalentes o el tipo de relación interpersonal que reconoce en sus pacientes en el momento de la consulta, pero esta categorización nosográfica sólo alude a la corriente psíquica predominante en la actualidad y la misma no debe llevarnos a  olvidar las posibilidad de cambio, a sabiendas de que esta corriente actual puede ser transitoria, ya que en el psiquismo se asiste a la coexistencia habitual de varias corrientes concomitantes, que operan como orientaciones alternativas para resolver un conflicto, tratándose de corrientes  que tanto pueden incrementarse al recibir afluentes como  tambien abandonarse y quedar como cauces secos que un día se abandonan, pudiendo llegar el momento o las circunstancias enque estos causes abandonados vuelven a rellenarse.

Ya en los primeros trabajos de su obra  Freud sostuvo la tesis de las corrientes psíquicas concomitantes para resolver la tensión entre la necesidad de establecer un diagnóstico, cuidando que esta categorización diagnóstica no atropelle la singularidad de cada quien ni conlleve tampoco a pensar en una cristalización de rasgos y modos de desenvolvimiento que omita las posibilidades de cambio.  Así por ejemplo, cuando realizó el análisis del “Hombre de los Lobos” (1918a) Freud comunicó  que en aquel paciente coexistían al mismo tiempo y en forma alternativa distintas corrientes psíquicas ligadas a un mismo conflicto entre el deseo y su intento de consumación. Entre aquellas corrientes se reconocía una en la que se asistía a la aceptación de la realidad y la consecuente sofocación del deseo,  otra que desestimaba la existencia real del afecto que determinaba aquel conflicto y una tercera corriente alternativa, que más designaría como desmentida (1927b), en la que se aceptaba la realidad de ese deseo pero se desmentían las consecuencias éticas y la dimensión amenazadora que dependían de su consumación. Ese no fue el único trabajo en el que Freud intentó resolver la tensión entre la necesidad de tipificar a través de un diagnóstico sin omitir las posibilidades de cambio que dependían de la corriente psíquica que lograra imponerse a las demás.

Claro que, en orden a estos saltos de una corriente a otra no todos son eventos heroicos o progredientes y así David Maldavsky se ocupa de señalar la posibilidad  de que ocurra lo contrario vinculando esa posibilidad con la noción de “trauma” señalándolo como ese “componente separado del resto que puede transformarse en la brecha que reintroduce el triunfo de la inercia en el seno de las

pulsiones de vida” www.psicoanalisis.com.ar/investigaciones/categoriaseinstrumentosdiagnosticos.htm

Por su parte, el psiquiatra argentino Jorge J. Saurí, en el curso de su obra,  insistió más de una vez en que “ser persona no es sino ir siendo e irse haciendo con otros con quienes se logra amasar la propia existencia” (Saurí, 1990,a) lo que de algún modo permite extrapolar el tema de la concomitancia de las corrientes psíquicas con la diversidad y la cualidad de los vínculos significativos que alguien logra establecer con quienes tallan diferentes surcos en la esfera de su subjetividad. Así, ya en el transcurso de sus primeros trabajos, Saurí también se hubo de referir a las posibilidades de cambio psíquico subrayando que: “sólo varía aquel en que la intervención activa de un prójimo le permite agarrarse de la realidad” (Saurí, 1955b, p.475), para afirmar bastante más tarde que: “La intimidad, lo misterioso del ser humano, cobra cuerpo en el encuentro con un Tu, es trascendente y se realiza fuera de los límites de sí mismo” ( citado por Rubio, Juan M., 2017, p. 17).

En orden a la pesquisa del factor heroico en las personas que llegan a la OVD después de venir padeciendo diferentes formas pretéritas de violencia, previo consentimiento informado de las mismas y contando con los elementos de grabación y filmación de los que la Oficia ya dispone, se podría seleccionar un número mínimo, de alrededor del 5 % de los casos que demandan las evaluaciones neurológicas planteadas, donde distintos operadores de la OVD tomen una entrevista semidirigida de alrededor de una hora a un número cercano a 12 personas en procura de investigar ese evento que hace lugar al salto hacia el “factor heroico” . Para ello sería necesario seleccionar a aquellas personas afectadas que cuenten con los antecedentes penosos precitados y después de 30 o 40 días de haber logrado el otorgamiento de las medidas cautelares que vinieron a solicitar sigan decididas a procurar el alejamiento definitivo de quienes las violentaron.

k) Presentación del Proyecto ante un Comité de Bioética en Investigación Cabe añadir, como elemento fundamental, que el consenso bioético actual impone que cualquier proyecto de investigación sobre seres humanos debe contar con la aprobación ineludible de un Comité Bioético en Investigaciones, y que los miembros de ese comité no pueden tener ninguna relación ni con los organismos efectores del estudio, ni tampoco con aquel otro organismo o grupo que hubiera instado esa investigación y podría ser considerado, en este sentido, como el beneficiario de los conocimiento que arrojare ese estudio.

Por último se hace saber que estas líneas con un registro de ISBN, a fin de velar porque las erogaciones que demanda la realización de este estudio se destinen exclusivamente sobre la población que nos concierne, quedando excluidos de este proyecto de evaluación  a cualquier grupo que no padezca estas circunstancia fuera del ámbito de la Violencia Doméstica, y que no proceda de la OVD de la C.A.B.A o de alguna de las otras sedes de la Oficina de Violencia Domestica que se han replicado hasta el momento en algunas otras provincias de nuestro país, reiterando que los criterios de inclusión para integrase esta evaluación signado, exclusivamente, por TECs reincidentes y sus secuelas  posconmocionales siempre que los traumatismos hayan tenido lugar en el marco de la violencia doméstica.

Llegados a los 532 casos culmina esa investigación y se  promueve su publicación en la Prensa Médica Internacional cualesquiera sean los resultados a los que se haya arribado.

Freud, S  (1918) “De historia de una neurosis infantil”,  AE, vol 17

Freud, S. (1927) “El Fetichismo”, AE, vol 21

Saurí, J (1990) “Persona y Personalización” Edit. Carlos Lohlé

Saurí.J (1955) “Las Esquizofrenias y la dietilamida del ácido D-

Lisérgico” Acta Neuropsiquiátrica Argentina” Vol 1 Nº 5

Rubio, J.M. (2017) “Existencia y Enigma” Ed. Académica Española

[1] FUENTE: Jamie Ullman, M.D., director, neurotrauma, North Shore University Hospital, Manhasset, N.Y.; Salman Azhar, M.D., director of stroke services, Lenox Hill Hospital, New York City; Albert Einstein College of Medicine, news release, Feb. 1, 2017